martes, 4 de agosto de 2009

Erik XIV, Juan III y el tesoro del castillo de Estocolmo.

A principios del siglo XVI Suecia lograba su independencia de Dinamarca bajo el liderazgo de Gustavo Vasa. A este le sucedió su hijo Erik XIV (1533 – 1577), un auténtico príncipe humanista, poliglota interesado por las técnicas navales de occidente. Fue además el fundador de una política exterior báltica que serviría de base que Suecia pasará a ser gran potencia en el XVII.


Pero por desgracia tenía dos problemas. Uno era muy sencillo: estaba loco. Meditaba cualquier medida, pero luego sufría ataques de arrepentimiento y brotes paranoicos. Sus últimos años de reinado se caracterizaron por el ajusticiamiento sumario de nobles. En verdad se trataba más bien de una paranoia provocada por su segundo problema: sus hermanos. Si de algo se caracterizaban Juan y Carlos era de una cosa: su ambición.Esta fue la que les convirtió en conspiradores natos y todo aquel que estuviera descontento con Erik (la nobleza particularmente) acudía a ellos. Finalmente la tensión y el estrés que a Erik le provocó todo ello le hicieron tomar medidas irreflexivas y actitudes indecorosas, por lo que fue destronado y encarcelado. Se le acuso de locura y tiranía pero ¿Qué rey estaba loco o era un tirano teniendo en cuenta que junto a Suecia reinaba Iván el Terrible, y frente a él Erik no era más que un inocente corderito?. Por otro lado su hermano, Juan, logró su propósito de ser coronado rey solo para pasar sufrir ahora lo que antaño martirizaba a su hermano: las conspiraciones, que siguieron sucediéndose.


Fue entonces cuando un nombre resonó en toda Europa: Jean Allard, el viejo encargado de los jardines de Erik que había huido tras el encarcelamiento de su señor. En toda conspiración se hablaba de él, y se propago un rumor: la locura y la paranoia de Erik había llevado a este a esconder un gran tesoro en el castillo de Estocolmo, confiando solo a Allard su paradero. Teniendo en cuenta las excentricidades finales de Erik parecía un rumor bastante creíble y aventureros de toda Europa, de Francia a Escocia intrigaron, lucharon y murieron por tan magnífico premio. Por supuesto cuando llegaron papeles de los conspiradores a Juan III donde se nombraba al viejo Allard el interés del rey se disparó, sacando a Erik de la cárcel dispuesto a usar los métodos más crueles (a pesar de que era su hermano)para sacarle el paradero del tesoro. Solo las súplicas de su esposa hicieron que abandonara esta actitud.


Erik nunca dijo nada, y su supervivencia se convertió día a día en una espada de Damocles sobre la corona de Juan. Finalmente un día el destronado apareció muerto en su celda, levantando hasta hoy las sospechas de que fue envenenado por su hermano. Este mientras siguió organizando con su guardia partidas en el castillo de Estocolmo en busca del tesoro hasta altas horas de la noche, pero nunca lo encontró...

2 comentarios:

  1. Y que Hollywood no se haya apropiado ya de la historia para hacer un buen peliculón (que yo sepa, claro).... Si haces más entradas como ésta, me hago incondicional del blog. ;) Ciao!

    pd.- Hay novela histórica sobre ello?

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  2. Ey que tal??? me alegro que te gustara. Intentare hacer más así para que me leas. Los de Hollywood ??? es que no aprecian ya los peinados estramboticos y las modas del Renacimiento... Supongo que si que existiran novelas, pero en sueco (a ver si se les cuela alguna , ahora que estan tan de moda su literatura)...Yo lo saque de Roberts y su "Early Vasa", y ya tengo ganas de ir a Estocolmo... Bueno, lo dicho, me alegra verte

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